Su nombre azul y blanco es igual a hedonismo y exclusividad. La reina de las Cícladas nunca ha pasado de moda: su belleza atrae todavía a un viajero que tiene el disfrute como única brújula. Te guiamos por Mikonos, la isla que enamoró a dioses mitológicos y hoy seduce a la gente guapa amante de la ‘dolce vita’.

Por SERGIO MUÑOZ

Según la mitología, fue en Mikonos donde Hércules mató a los gigantes Cicno y Porfirión y sus cuerpos se convirtieron en rocas. También, que el nombre de la isla deriva de Mykono, el bello hijo del luminoso dios Apolo. El caso es que cuando uno se sienta a contemplar las aguas turquesas, las rocas marinas, las casas blancas con ventanas y puertas azules, los molinos de otra época, los atardeceres del color de las llamas y percibe el aroma de las buganvillas no parece descabellado pensar que aquí lucharon y amaron dioses y héroes.

De la veintena de islas habitadas que conforman el archipiélago de las Cícladas -cuenta con otros 200 pequeños islotes desiertos–, Mikonos es, junto con Santorini, la que más ha rentabilizado la industria del hedonismo. Hasta mediados del siglo pasado, este enclave en medio del Mar Egeo era pobre y la población se dedicaba a la agricultura y la pesca para poder subsistir. En los años 30 y 40, escritores como Lawrence Durrell o Henry Miller ya se sintieron atraídos por la vida sosegada y anacrónica de la Grecia insular.

Pero a partir de los años 60, Mikonos se convirtió en otro tipo de paraíso, más cercano a los dioses del dinero que a los de Homero. A principios de la década, el magnate Aristóteles Onassis atracó su yate Christina en Mikonos y puso la isla en el mapa del glamour. En la cubierta de la embarcación se bronceaba la divina María Callas y, más tarde, Jackie Kennedy o Liz Taylor, gran amiga del armador. La jet-set internacional empezó a enamorarse de esta pequeña isla de 81 km de costa que hoy cuenta con poco más de 9.000 habitantes. Venían por el clima, por la belleza de sus parajes y, también, por el aire de libertad que se respiraba en Mikonos. De hecho, ya en los años 70 era una meca del turismo gay gracias a la mentalidad abierta de sus gentes.


Mikonos: la isla que enamoró a los dioses 1

ALÉFKANDRA. El barrio de la ‘Pequeña Venecia’, con sus casas a ras del agua, es una de las zonas más vitales de Mikonos. Estas construcciones, de no más de tres plantas, fueron el signo del surgimiento de la clase burguesa gracias al comerció marítimo. Hoy están llenas de bares, restaurantes y terrazas para ver y ser vistos… y, también, para contemplar los bellos atardeceres de la isla.

 


Desde entonces, la fama de Mikonos solo ha crecido. Esto le ha permitido capear la crisis mejor que la Grecia continental. Mientras que en el resto del país el precio de la vivienda se ha desmoronado hasta un 40 por ciento, según el Banco de Grecia, en Mikonos la caída ha sido de en torno al 30 por ciento, lo que ha atraído a inversores libaneses, israelíes, rusos o norteamericanos ávidos de tener una propiedad en Mikonos por mucho menos que antes, aunque alquilar una villa de lujo en la isla puede alcanzar fácilmente las cinco cifras por semana.

Hoy, la gente guapa, las fiestas exclusivas hasta el amanecer, las villas diseñadas por arquitectos-estrella, las playas de arena dorada para ver y ser vistos, los locales de moda y los yates ostentosos siguen siendo la seña de identidad de Mikonos. No es extraño, verano tras verano, encontrarse a las hermanas Kardashian, Paris Hilton, Naomi Campbell, Alessandra Ambrosio, Leonardo DiCaprio, Lindsay Lohan o Rihanna paseando por las encaladas callejuelas del centro histórico de la capital, Chora. En este laberinto de calles empedradas, casas cúbicas de techos planos, balcones con flores y bellas iglesias destacan, aquí y allá, las boutiques de firmas de lujo o los restaurantes sofisticados, sobre todo en Matoyianni Street, la principal arteria comercial de Chora.

Mucha más animación tiene el barrio de Aléfkandra, la Pequeña Venecia, un conjunto de casas del siglo XVIII construidas a ras del agua que recuerda a la ciudad italiana. Hoy albergan restaurantes y bares de copas que bullen al atardecer.


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LA NOCHE INFINITA. Paradise Club es una de las discotecas más famosas de Mikonos. Miles de personas la frecuentan cada fin de semana y, a partir de las 5 h, muchos siguen la fiesta en Cavo Paradiso. Mikonos, junto con Ibiza y Saint-Tropez, forma la terna de grandes destinos turísticos de lujo en el Mediterráneo. El sector turístico supone el 20 por ciento del PIB de Grecia.

 


En Chora se pueden alquilar scooters o kaikes –algo así como barcas-taxi– para llegar hasta alguna de las espectaculares playas de la isla. Paradise, Super Paradise –frecuentada por el público gay–, o Paranga atraen a los jóvenes que, a la puesta del sol, bailan a ritmo de techno mientras toman un cóctel. La gente guapa prefiere la de Psarou. Futbolistas, diseñadores y celebrities en general se tuestan en su arena o atracan sus yates. Mientras, las de Agios Ioannis, Agrari, Elia o Kalo Livadi son mucho más tranquilas.

La zona más exclusiva de Mikonos se llama Agios Lazaro y está al sudeste. El área cuenta con playas privadas y villas a un precio que supera los 3.000 euros por noche. No es de extrañar que Cristiano Ronaldo elija esta zona para relajarse en sus vacaciones.

Si aún nos queda tiempo, a 40 minutos en barco podemos visitar la bellísima isla de Delos, con ruinas declaradas Patrimonio de la Humanidad. Según la leyenda, en esa isla nacieron Artemisa y Apolo, las divinidades que se identificaron con la luna y el sol.