Su rodaje estuvo marcado por la polémica y por las infidelidades de la protagonista a su marido. Y su estreno la confirmó como una de las películas más escandalosas de la historia. Pero precisamente, por eso, ‘Y Dios creo a la mujer’, que en 2016 cumple 60 años, convirtió a Brigitte Bardot en uno de los mayores mitos sexuales del siglo XX.

POR JUAN VILÁ

Tenía 22 años y había rodado 16 películas antes. Cintas y papeles sin la menor importancia. Era muy guapa, sí, espectacular, y despertaba siempre una inmensa atracción en los hombres. Ante la joven Brigitte Bardot (1,70 m, 56 kg, 91-51-89), lo mismo caía seducido Aristoteles Onassis que portaviones enteros, como ocurrió aquella vez que la sorprendieron bañándose con un minúsculo biquini blanco en las aguas de Cannes y el capitán de la embarcación tuvo que saltarse todas las normas y pedirle que subiera a bordo para calmar a la tripulación. Aunque lo cierto es que hasta el estreno de Y Dios creó a la mujer, Brigitte Bardot solo era una aspirante más a estrella. Y ni siquiera eso, porque ella no aspiraba a nada más que a vivir con pasión. Así de romántica y de insensata era.

Pero esa película lo cambió todo y la convirtió en un mito. La actriz interpretaba a Juliette, una huérfana de 18 años que vivía su sexualidad de forma desinhibida y que se debatía entre el amor de varios hombres. Gracias a este papel, Brigitte Bardot pasó a ser la mejor representante de un nuevo tipo de mujer inocente y al mismo tiempo sensual, con un punto salvaje y también tierno, pero sobre todo, libre. Y es que no solo los hombres enloquecieron con ella. Hasta la abanderada del feminismo, Simone de Beauvoir, le dedicó un ensayo, El síndrome de Lolita, para explicar por qué la consideraba una de las suyas e, incluso, la «locomotora de la historia de la mujer». «Sigue sus instintos. Come cuando tiene hambre y hace el amor cuando le apetece dijo. Deseo y placer son para ella una certeza mayor que las reglas y los convencionalismos. No critica a nadie. Hace lo que le da la gana y por eso es tan turbadora».

Brigitte Bardot, circa 1960. - For Editorial Use Only -

A la admiración de la filósofa se le sumaría también la del presidente de la República Francesa, Charles De Gaulle, que reconoció su indudable valor patriótico «Brigitte Bardot aporta más divisas a Francia que Renault», dijo. O la del adolescente John Lennon, que dormía cada noche con una foto suya en el techo y que cuando la conoció años después tuvo que recurrir a las drogas para estar a la altura y no perder los papeles. El encuentro, sin embargo o quizá precisamente por ello, fue un desastre ella apenas se dignó a hablarle, en un ejemplo más de su sentido de la libertad y de lo poco que le importaba quién tuviera delante para hacer lo que le apeteciera.

El fenómeno y el escándalo que desencadenó Y Dios creó a la mujer resulta hoy difícil, casi imposible de imaginar. Aunque a la película le costó arrancar en su propio país. La crítica, desde luego, la despedazó. «Más vale ir a un strip-tease de Pigalle. Las chicas son, como mínimo, tan deliciosas o más, y saben moverse con gracia», dijo un periódico. Otro demostró todavía menos visión comercial y, sobre todo, de futuro «Por suerte para la reputación del charme francés, esta película no tiene ninguna posibilidad de proyectarse fuera de nuestro país». Pero nada más lejos de la realidad, porque las salas solo se llenaron en Francia meses después de su estreno, y fue gracias al éxito que la cinta obtuvo fuera y, sobre todo, a la polémica que desencadenó en otros países, especialmente en los Estados Unidos, donde diversas asociaciones se manifestaron e hicieron todo lo posible para que no se proyectara, aun cuando se trataba de una versión censurada. Los argumentos que emplearon los enemigos de la cinta eran de lo más variopinto mientras algunos aseguraban que se trataba de una obra satánica, en Texas prohibieron que la vieran los negros por temor a que se excitaran más de la cuenta. Por no hablar de España, claro, donde Y Dios creó a la mujer no se estrenó hasta 1971, 15 años después de que arrasara en todo el mundo. Y solo en salas especiales; es decir, en cines de versión original. Aunque el gran despliegue publicitario que hicieron los distribuidores y el morbo acumulado durante décadas de represión consiguieron que el filme aguantara meses y meses en nuestra cartelera.

El escándalo, además, venía de atrás, del mismísimo rodaje, y hasta de años antes, cuando la actriz y el director, Roger Vadim, se conocieron. Ella tenía 15 años y él, 21. Ella era una jovencita de buena familia que quería ser bailarina; él, un bohemio con un guion debajo del brazo. La joven Brigitte había posado para la revista Elle, donde trabajaba una buena amiga de su madre. Vadim la vio y fue a buscarla para que protagonizara su película. El proyecto no salió adelante, pero ambos iniciaron una tórrida relación ante el estupor de madame y monsieur Bardot, y eso que los pobres no tenían ni idea de la mitad de lo que estaba pasando ni del terror que cada mes sentía su hija cuando llegaba la hora de verdad el momento de saber si se había quedado embarazada o no. El padre amenazó a ambos de muerte si eso pasaba y las amenazas se repetían cada dos por tres. Y también obligó a su hija de dejar a Vadim, lo que provocó el primer intento de suicidio de Brigitte. Pero en vista del cariz que tomaba el culebrón y para no tentar más a la suerte, a la pareja se le permitió casarse en cuanto Brigitte cumplió 18 años.

La boda fue a finales de 1952 y cuando en 1956 él por fin encontró un productor para su ansiada primera película, el matrimonio ya había entrado en barrena. «Hacer el amor con Brigitte me excitaba cada vez menos. De golpe comprendí el significado de la expresión cumplir con los deberes maritales. La desgana no tenía excusa en mi caso, teniendo en cuenta que a los 21 años Brigitte estaba en la cumbre de su belleza. Cualquier hombre habría vendido su alma por ocupar mi lugar», escribió él en sus memorias. Aunque ella tampoco se quedaba atrás y, de hecho, la idea de Y Dios creó a la mujer se le ocurrió a Vadim mientras veía a su todavía esposa bailando con un guitarrista italiano. Esa misma noche, él se puso a escribir y escribir una primera versión del guion mientras ella tenía una aventura con el músico.

1956 --- Director Roger Vadim played a small part in his 1956 film Et Dieu... crea la femme (And God Created Woman) alongside star Brigitte Bardot as Juliete Hardy. --- Image by © Bettmann/CORBIS

Roger Vadim y Brigitte Bardot durante el rodaje de ‘Y Dios creó a la mujer’.

Y lo peor aún estaba por llegar, ya que el rodaje fue movidito. Por un lado, estaba la inseguridad de ella. Brigitte Bardot no se veía guapa con la imagen algo salvaje que el director buscaba. No le convencían ni el pelo tan despeinado ni que a su maquilladora le prohibieran darle unos retoques entre toma y toma. Cuando vio las primeras imágenes salió llorando y desesperada de la sala de proyecciones. Tampoco le convenció que eligieran a Jean-Louis Trintignant para interpretar a su marido en la película. «Tiene pinta de palurdo», dijo. «No es un Marlon Brando, pero tiene una sonrisa muy bonita», le respondió el productor. Ante lo que la actriz sentenció «Una no se acuesta con una sonrisa». Por supuesto, estaba equivocada. De hecho, poco a poco fue surgiendo algo entre ellos. Un buen día, él le propuso ensayar juntos las escenas de cama en su habitación y ocurrió lo inevitable. A Vadim la traición no le importó mucho. A él lo que de verdad le quitaba el sueño era acabar la película y que la infidelidad de su mujer no lo desautorizara delante de todo el equipo.

Quien sí se puso celoso fue Trintignant y exigió a la actriz que abandonara a su marido inmediatamente y en pleno rodaje. Ella accedió y aunque no hubo vuelta atrás en su decisión, Bardot y Vadim conservaron la amistad durante años. Trintignant, por cierto, no le duró mucho. Tuvo que marcharse al servicio militar. Eso, y la aparición del cantante Gilbert Bécaud, propició que se enfriara la relación. «Debería haberme echado a llorar cuando él se fue, pero en lugar de eso pensé gracias a Dios», contó Brigitte años después.

"Et Dieu crÈa la femme", film by Roger Vadim. Brigitte Bardot. France, 1956.

Y es que la Bardot de la vida real era tan libre como la de Y Dios creo a la mujer, lo que contribuyó a consolidar el mito. «No puedo vivir sin pasión» solía decir, y eso le llevó a saltar en su juventud de un amor a otro, todos ellos muy bien documentados por la prensa de la época, a pesar de lo mucho que ella odiaba a los periodistas, la fama y todo el revuelo que se organizaba siempre a su alrededor. El actor Jacques Charrier con el que tuvo a su único hijo, Sacha Distel, Warren Beatty, Serge Gainsbourg o el multimillonario Gunter Sachs son solo algunos de los hombres que han pasado por su vida. Este último dio un buena definición de lo suponía vivir a su lado. «Un año con Brigitte Bardot equivale a diez con cualquier otra mujer», comentó poco después de separarse de ella y de regalarle un diamante valorado en más de un millón de euros como muestra de agradecimiento por su generosidad durante el divorcio y porque en ningún momento intentó quedarse con parte de su fortuna.

Después de Y Dios creó a la mujer vinieron muchas otras películas, aunque ninguna de ellas logró convencer a Brigitte Bardot. «Siempre fui una mala actriz», ha llegado a decir. Cuando anunció su retirada en 1973, a los 39 años, todos pensaron que se trataba de una rabieta o un capricho, y que pronto volvería al cine. Pero no. Olga Horstig, su representante, vivió así la despedida «Mama Olga me dijo se acabó, es mi último filme. Resplandecía. Como si la decisión increíble que acababa de adoptar la liberara de una losa que le oprimía el pecho desde hacía siglos».

Desde entonces ha vivido prácticamente recluida en su masión de La Madrague, en Saint-Tropez, y se ha dedicado a luchar en defensa de los animales. Aunque ni así se ha librado de protagonizar todo tipo escándalos por sus declaraciones contra los inmigrantes, los homosexuales, los artistas contemporáneos o cualquier otra cosa que no le guste. La Stalin de los pajaritos, la ha llegado a llamar la prensa francesa. Mientras, ella se defiende de vez en cuando en alguna entrevista. En 2014, por ejemplo, al cumplir 80 años, declaró «Sigo sorprendiendo a los pobres de espíritu, a los mediocres y a los sectarios. Toda mi vida seguiré diciendo lo que pienso, le disguste a quien le disguste». Aunque puestos a hacer balance, nos quedamos con otra de esas frases lapidarias que tan bien se le dan a esta mujer que llegó a tener el mundo a sus pies pero se cansó muy pronto de los suplicios e incordios que eso suponía. «He sido muy feliz, muy rica, muy guapa, muy adulada, muy famosa y muy infeliz», comentó en cierta ocasión. Y quizá eso explique parte del misterio de Brigitte Bardot.

 

AND GOD CREATED WOMAN, (aka ET DIEU CREA LA FEMME), French poster, Brigitte Bardot, 1956

Cartel francés de ‘Y Dios creó a la mujer’, de 1956


Sinatra, la censura y la mafia

Cuando el boom Bardot estalló en Estados Unidos, solo hubo una ciudad en la que se pudo ver la versión íntegra de Y Dios creó a la mujer Chicago. El responsable fue, ni más ni menos, Frank Sinatra. El crooner estaba tan interesado en trabajar con la actriz que hizo todo lo posible con tal de convencer a Vadim para que ejerciera de intermediario y dirigiera un musical llamado París de noche que protagonizarían los dos. Según Vadim, él y el actor y cantante pasaron toda una semana juntos en la que Sinatra le llevó al entierro de Mike Todd (tercer marido de Elizabeth Taylor), a un combate de boxeo de Sugar Ray Robinson y a un sórdido club de strip-tease en el que las chicas se desnudaban completamente, algo impensable entonces. También le presentó a mafiosos y hasta al jefe de policía de Chicago. Él era el encargado de censurar las películas y de la suya había cortado 12 minutos en total, pero volvió a incluirlos tras conocer a Vadim y hacer buenas migas con él. El musical, por cierto, nunca llegó a rodarse Bardot exigió trabajar en París mientras que Sinatra se negó a pasar tanto tiempo fuera de casa.