Nació con un nombre rotundo, pero también con una genética especial que podría decirse que lo convirtió en el primer superdeportivo de la historia.

POR PEDRO BERRIO

Vio la luz en 1966, en el salón del automóvil de Ginebra, pero la historia del Miura empieza un año antes. Fue cuando los ingenieros de la marca, junto con los de la firma Dallara, dieron forma a la estructura del Miura, siguiendo los deseos de Ferruccio Lamborghini, creador de la marca y cuyo gran objetivo era demostrar que sus coches eran mejores que los de su gran rival, Enzo Ferrari. El chasis del Miura era una estructura tubular de alta resistencia pero de muy poco peso, con el motor colocado en un emplazamiento central pero en posición transversal y no longitudinal que era lo habitual. Las suspensiones similares a las empleadas en los vehículos de competición. Este espectacular trabajo de ingeniería se mostró por primera vez en el salón del automóvil de Turín a finales de de 1965.

El encargado de “vestir” este chasis de alta tecnología fue el joven diseñador Marcelo Gandini, de solo 25 años, que trabajaba en Bertone. La silueta del Lamborghini Miura P400, nombre completo con el que se presentó en Ginebra, era espectacular. Su motor era un V12 de 350 CV formando un bloque conjunto con la caja de cambios que también tenía la particularidad de contar con una rejilla para servir de guía en los movimientos de la palanca. El habitáculo contaba con elementos inspirados en la aviación, como algunos mandos situados en el techo. El Miura se convirtió de inmediato en el deportivo favorito de las celebridades y también de los pilotos, porque era lo más parecido a un vehículo de competición para circular por la calle.

La sensualidad sobre ruedas

Pronto empezaron a llegar las evoluciones y en 1960 aparece el Miura P400 S con una potencia de 370 CV. En 1971 se lanza el SV con 385 CV y unas vías ligeramente ensanchadas para mejorar la estabilidad. Uno de los modelos más deseados es el Jota, un prototipo realizado por la marca para adaptarse a la normativa de la Federación de Automovilismo pero que oficialmente nunca llegó a producirse, aunque algunos SV se “transformaron” en Jota por encargo de algunos de los mejores clientes de la marca, exactamente cinco, pero eran solo cambios estéticos sin modificaciones mecánicas. A pesar de ello muchos preparadores transformaban los Miura normales en el “Jota”, pero no eran modificaciones oficiales de la marca. En 1968 se presentó en el Salón del automóvil de Bruselas una variante sin techo, un modelo único que no llegó a producirse, aunque muchos clientes pidieron que se recortara el techo de sus Miura para poder disfrutar de un Roadster.

El Miura dejó de producirse en 1973 después de haber construido 765 unidades. El precio medio actual de un Lamborghini Miura en buen estado es de un millón de euros y no para de subir.