POR DAVID GARCÍA

Sublime e imponente, La bata rosa de Joaquín Sorolla se alza majestuoso en la sala principal de su casa-museo de Madrid. Sublime porque el genio valenciano alcanza en esta pintura la excelencia en el tratamiento de la luz. E imponente porque no es habitual encontrar lienzos de Sorolla de más de dos metros de altura, que se atrevió con esas dimensiones influido por los gigantescos murales para la Hispanic Society de Nueva York en los que estaba trabajando en esa misma época. Esos dos factores son por los que Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla desde 2010, elige esta pintura como su pieza favorita.

El tratamiento de la luz, que alcanza su mayor esplendor en los fuertes rayos de sol que se proyectan sobre el cuerpo de las mujeres, crea «un clima especial» que cautiva a Luca de Tena y que se hace presente en varias de sus obras: «Sorolla crea en esta obra una atmósfera muy agradable, una sensación de bienestar». Y las dos figuras otorgan al conjunto «un aire de sensualidad», pues se aprecia que están «disfrutando de lo que la naturaleza les regala».

La pintura, también conocida como Después del baño, representa a una de las mujeres que acaba de darse un baño en el mar y seca su cuerpo con una bata rosa. En ella, Sorolla demuestra sus conocimientos en escultura clásica adquiridos en sus visitas al Louvre o al British Museum, incorporando la técnica de los paños mojados; y reflejando en las proporciones femeninas los estándares de belleza que evocan, por ejemplo, a una Venus clásica.

Y no es casual que la pintura ocupe un lugar preeminente en museo, una gran estancia en la que se muestra un cuadro de cada una de las etapas de la trayectoria del pintor, pues La bata rosa, de 1916, es el lienzo elegido para representar las últimas producciones del artista. Y, para remate, este año cumple su primer centenario.

CONSUELO LUCA DE TENA
MUSEO SOROLLA
Obra:  LA BATA ROSA O DESPUÉS DEL BAÑO/  JOAQUÍN SOROLLA, 1916