Fue una niña prodigio y una adolescente salvaje. La nominaron tres veces al Óscar pero nunca lo consiguió. La ambición de su madre y sus dos matrimonios con Robert Wagner marcaron su vida. También su misteriosa muerte, de la que ahora se cumplen 35 años.

POR JUAN VILÁ

Cuenta la leyenda que cuando la madre de Natalie Wood estaba embarazada, una adivina le leyó la mano y le hizo dos predicciones. La primera fue que la pequeña iba a ser una gran estrella. La segunda, que tuviera mucho cuidado con las aguas oscuras. Ambas se acabaron cumpliendo, aunque tal vez más por el empeño que puso la progenitora o la forma en que se sugestionó que por otra cosa. Y es que lo del agua causó tanto pavor en la familia, que Natalie nunca aprendió a nadar. Quizá si hubiera sabido desenvolverse en el mar no hubiera muerto ahogada en la madrugada del 28 al 29 de noviembre de 1981. Y decimos quizá porque lo que ocurrió esa noche es y seguramente siempre será un misterio.

La actriz, junto a su marido Robert Wagner y su compañero entonces de reparto Christopher Walken, salieron a navegar. Les acompañaba Dennis Davern, capitán de la embarcación. Cenaron en el puerto y bebieron más de la cuenta. Al regresar a bordo, se desencadenó una gran discusión entre Natalie y su pareja, al parecer por los celos que este sentía de Walken. A la mañana siguiente, el cadáver de Wood apareció a una milla del barco y presentaba distintos golpes. ¿Se los hizo antes o después de caer al mar? Los forenses no lograron determinarlo. ¿Acabó en el agua de forma accidental o alguien la arrojó por la borda? Mujeres que amamos: Natalie Wood 4

Walken nunca ha hablado del tema y Wagner siempre ha reconocido que discutieron pero que él se quedó en el camarote mientras su mujer salió a cubierta. El capitán le dio la razón hasta 2008, cuando cambió su versión. Explicó que en su día mintió a la policía por petición de Wagner y le responsabilizó de la muerte. Habló de una pelea entre la pareja, de los golpes que oyó y en una entrevista aseguró que después de caer ella al agua no hicieron nada por encontrarla: «No encendimos las luces, no notificamos su desaparición». Esas declaraciones y la aparición de nuevos indicios llevaron a la policía a reabrir el caso, pero los informes  forenses no aclararon nada.

Al morir, Natalie Wood tenía solo 43 años, pero 43 años muy vividos. Empezó a trabajar en el cine a los cinco y a los nueve se convirtió en toda una estrella. Sacaba además unas notas estupendas. «Pasaba todo el tiempo con adultos. Yo era muy tímida, muy introvertida, hacía lo que me decían e intentaba no decepcionar a nadie. Sabía que tenía la responsabilidad de actuar y me habían enseñado a obedecer órdenes», contó la actriz sobre esos años.

«Yo era tímida, hacía lo que decían y trataba de no decepcionar a nadie»

Aunque el precio que tuvo que pagar por ello fue demasiado alto y la presión a la que la sometió su madre, brutal. Dicen que para que la niña llorara, la madre se dedicaba a mutilar y torturar mariposas. Aunque peor fue lo de los 16 años, cuando un importante actor y productor –del que nunca se ha dicho el nombre– la violó durante una prueba y la madre, una vez más, prefirió guardar silencio para que nada frenara su meteórica carrera. «Te vuelves muy dura en este negocio –dijo en una entrevista– hasta que eres lo suficientemente importante como para pagar a otros y que se hagan los duros por ti. Entonces te sientas y te conviertes en una señora».

Mujeres que amamos: Natalie Wood 3

También a esa edad rueda una de sus mejores películas, Rebelde sin causa, por la que fue nominada por primera vez al Óscar, y mantiene al mismo tiempo una relación con el protagonista, James Dean, con otro de los actores, Dennis Hopper, y con el director, Nicholas Ray, de 44 años entonces. Justo el día que cumplía los 18 tuvo su primera cita con Robert Wagner, ocho años mayor que ella, mucho peor actor y del que Natalie siempre había estado enamorada. La prensa enloqueció con la pareja y ellos no tardaron en casarse. Pero detrás de las cámaras las cosas no eran tan perfectas: ella iba al psiquiatra todos los días, abusaba de los somníferos y, por querer ayudar a su marido, rodó Los jóvenes caníbales con él, película que casi arruina su carrera. La oportunidad de relanzarla le llegó gracias a Esplendor en la hierba, que le valió su segunda candidatura a la estatuilla. «En sus ojos se ve que tiene apetitos insatisfechos«, dijo Elia Kazan, su director, para justificar su elección. Y no se equivocó, porque los pasos de la actriz se cruzaron con los de Warren Beatty en un sonado romance que hizo saltar por los aires su matrimonio.

Después vendría otra boda, esta vez con el productor Richard Gregson, muchos papeles rechazados para ocuparse de sus dos hijas o para no faltar a su cita diaria con el psiquiatra y el reencuentro, once años después del divorcio, con Robert Wagner. Volvieron a casarse, aunque ya nada era igual. Ni el éxito ni la suerte les sonreían, ambos bebían demasiado, las discusiones eran cada vez más frecuentes y ella llevaba fatal el paso de tiempo. Le sentó como un tiro, por ejemplo, que una revista le ofreciera aparecer en un reportaje dedicado a las mujeres con más de 40 años y que su publicista aceptara la oferta. Poco antes de morir le preguntaron a Natalie Wood qué deseaba. «¿Qué quiero? -respondió ella- Quiero el ayer». Mujeres que amamos: Natalie Wood 2


Una muñeca rota

A los diez años se rompió la muñeca izquierda. Su madre no dijo nada para  no interrumpir la película que estaban rodando. Nunca recibió tratamiento y la articulación quedó deformada. Por este motivo apareció en tantas imágenes con un brazalete o una pulsera ancha tapando esa parte de su cuerpo.Mujeres que amamos: Natalie Wood