Cicerón, uno de los pensadores más influyentes del Imperio Romano, acuñó una frase que aún hoy, dos mil años después de su muerte, sigue vigente: «Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria». Y precisamente fueron las dificultades las que acabaron dando esplendor y dinero, mucho dinero, a la nómada familia Nahmad.

POR VÍCTOR GODED

El cabeza de familia, Hillel Nahmad, fue un banquero que se vio salpicado primero por el crack bursátil del 29 y más tarde por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Huyó a Siria y de ahí a Libia antes de encontrar su refugio en la tierra de Cicerón. En Milán, sin el conocimiento ni consentimiento paterno, sus tres hijos supervivientes metieron la cabeza en el mundo de los negocios. David, el benjamín, dejó el colegio y su sueño de ser ingeniero y siguió la estela de sus hermanos, que a finales de los años 50 descubrieron un campo entonces yermo pero con un fértil futuro por delante: el arte.

En una exposición organizada por el promotor cubista Daniel-Henry Kahnweiler en Roma cayeron las primeras piezas de una colección hoy mítica. Se llevaron a casa dos obras de Juan Gris, las únicas que el marchante logró colocar. Nació así una bonita amistad profesional con Kahnweiler en la que los hermanos Nahmad le adquirían obras más por gusto que por inversión.

Los asuntos de la vida mandaron a cada uno de los tres hermanos lejos de Milán, pero acabaron formando un triángulo estratégico (París, Londres y Nueva York) que en los últimos 50 años ha tenido a Picasso como punto de encuentro con el inestimable soporte de Kahnweiler como proveedor.

Su gran olfato para comprar barato y vender caro en este medio siglo los ha colocado en los puestos top del mercado artístico. La fortuna de David y su familia ronda los 3.000 millones de dólares, tienen su colección junto al aeropuerto de Ginebra –con más de 4.500 obras que van desde Monet a Matisse pasando por Renoir y Rothko–, y  una galería en Nueva York. Sin embargo, no es de lo que más orgullosos están. Su bandera son sus 300 Picassos, la mayor colección de obras del malagueño fuera de la familia del pintor. El único pero es que nunca pudieron conocerle en persona. Algo que David, a sus 69 años, aún lamenta: «No me atreví a pedírselo a su marchante y él nunca me lo propuso»