Fue uno de los pioneros españoles en Hollywood, pero Antonio Banderas quiere regresar a España. Quiere hacerlo físicamente, para reencontrarse en Málaga, pero también intelectualmente, para volver a sentir su profesión como lo hacía en su origen, «como un hobby». La misión ya ha comenzado con el estreno de Altamira y su proyecto sobre Picasso.

POR DAVID GARCÍA

A sus 55 años, el actor español más internacional, Antonio Banderas, puede ya permitirse el lujo de no plegarse a las exigencias de la taquilla de Hollywood. Para muestra, su última película, Altamira, en la que recrea la historia de Marcelino Sanz de Sautuola, quien junto a su hija descubrió las famosas pinturas cántabras y luchó por demostrar su autenticidad a pesar de la oposición de Iglesia y expertos. Banderas se sincera, desvela sus inquietudes y sus proyectos al abrigo de esta producción que ya puede disfrutarse en las pantallas.

Llama mucho la atención en Altamira el sentido de la justicia que se aplica al protagonista, aunque llega un poco tarde. ¿Fue ese uno de los aspectos que le atrajo del proyecto?
Naturalmente, sí. Pero hay varias lecturas. Una, el enfrentamiento entre dos polaridades muy fuertes y que han sufrido enfrentamientos a lo largo de la historia, no solo en España sino en el resto del mundo y que son la Iglesia y la ciencia. Pero después hay otro enfrentamiento que subyace también la envidia, uno de los problemas endémicos que arrastra este país, que ya se ve que a finales del XIX ya estaba y persistía.

Parece que sus últimos proyectos tienen mucho que ver con el arte… El próximo estará relacionado con Picasso.
Yo vengo ahora de Guadalajara (México) y de Londres, con la financiación prácticamente cerrada, y vamos a empezar a dar los pasos de la preproducción de la película y saber cómo la encajamos, pero a finales de este año o principios de 2017 deberíamos ya estar rodando. Es una historia que a mí personalmente me toca.

Con tantos años en esto, uno ya se puede permitir el lujo de hacer este tipo de películas más elaboradas…
Eso ya está cubierto en mi vida. Yo he tenido películas que se han vendido muy bien, que han hecho mucho dinero. Pero me apetece hacer otras cosas ahora. Yo tenía una cosa muy clara en mi cabeza convertir mi profesión en lo que fue al principio, al hobby, hacerlo simplemente porque me gusta y sin pretensiones económicas, y para eso me he cubierto las espaldas de muchas maneras, porque estoy investigando en muchos terrenos, fuera incluso de mi campo; estoy escribiendo mucho, me gustaría volver a dirigir, tratar de relatar cómo Antonio Banderas ve el mundo…

Habla de la forma de ver el mundo de Antonio Banderas. ¿Eso también lo plasma en otro de sus proyectos, el que está vinculado con el diseño de moda?
De alguna forma sí, y me doy más cuenta de eso cuando me doy cuenta de que me he metido en una universidad a mis 55 tacos y de repente me he dado cuenta de que ellos no enseñan el fashion designing como una profesión menor; ellos no hacen sastres, hacen artistas. Es casi una escuela de arte. Y me ayuda a todo, incluso en mi profesión.

¿Y con los complementos también se va a atrever?
Sí, estamos con ello. En realidad todo esto nace también de un proyecto que se convirtió en un éxito que es Puig, mi historia con Puig. Son 20 años ya. Es la historia más larga de relación entre un perfume y un celebrity en la historia de la perfumería. Estaba por ahí Elizabeth Taylor pero, pobrecita mía, falleció y la pasé en el tiempo.

¿Interviene en los diseños de los perfumes o en su producción?
No. Yo no soy químico. Estos tíos son artistas invisibles. Tengo mucha relación con ellos, eso sí es cierto, y hablamos mucho, y de ahí salen los conceptos que finalmente triunfan e incluso diseñando los tarros. Hablamos de conceptos muy específicos, y ellos tratan de conceptualizar eso en un tarro. Y el principio fue diferente, el principio eran aromas mucho más frescos…

¿Son perfumes entonces que se van adaptando a la vida de Antonio Banderas y al paso de los años?
Sí, a medida que hemos ido avanzando en el tiempo se han ido incorporando maderas, cueros, tabaco, café… aromas distintos que son más complejos, que permanecen.

¿Y cómo es el día a día de Antonio Banderas? ¿Cómo se cuida? Porque tiene 55 años y tiene un aspecto sensacional…
Voy al gimnasio porque me hace sentir bien, me hace sentir bien durante el resto del día, pero al mismo tiempo me pego mucha paliza, viajo mucho, vivo mucho en hoteles, cambio de horas continuamente y duermo poco. Mi vida es en realidad eso. Yo tengo puesta una frase en un apartamento nuevo que tengo en Málaga, que me está costando mucho construirlo…

El famoso ático…
Ese. No te puedes imaginar… Hay un malagueño que me encanta, Manuel Alcántara, un articulista de periódicos, un gran poeta, y escribió un poema precioso y me lo escribió en la pared de su puño y letra «A la sombra de una barca me quiero tumbar un día, y echarme todo a la espalda, y soñar con la alegría». Pues no, no puedo. Lo de la sombra de la barca allí está, pero no me logro tumbar a su sombra. Sigo, y sigo, y sigo… pero tengo ese anhelo. En algún momento quiero disfrutar de mi tierra, ver a mis amigos, dar un paseo por la Alameda, irme al puerto… Pero no va a pasar.

¿Y eso por qué?
Yo me voy a morir con las botas puestas, no puedo parar, me gusta mucho lo que hago.

Pues no se le nota, no tiene ni canas.
Está teñido por un trabajo que tengo que hacer, pero yo tengo canas.

En la barba tampoco. La que luce en Altamira se la ha quitado ya…
Sí, esa me la quité porque era ya muy incómoda, es muy trendy pero muy incómoda.

Siguiendo con el cuidado personal, ¿es de los que no puede vivir sin cremas?
No, ahí ya no llego. Lo único que me echo es aceite de Argán.

Después de trabajar con tantos grandes actores y directores durante tantos años, ¿cuál es el que más le ha sorprendido?
Terrence Malick. Eso fue una locura.

¿Por qué?
Porque me dio un monólogo de nueve páginas para un día de trabajo, en una película donde había trabajado prácticamente todo Hollywood y nadie sabía si iba a terminar en la pantalla o no. Llegué por la mañana y me dijo «Antonio, no te he enviado guión porque no hay guión. Tengo a Christian Bale que es un escritor en crisis y lo paseo por diferentes situaciones que me invento. Y yo lo que hago es escribir la película mientras la hago; mis pinceles para pintar y mi pluma para escribir son las cámaras».

Y usted sin saber nada de antemano…
Sí, sí, todo improvisado. Pero me di cuenta de que Malick es un hombre que ha conquistado la libertad; que en un mundo como Hollywood, donde prima la industria sobre el arte, y son muy buenos haciendo eso, que hubiera esta isla de libertad creativa sin importarle un carajo ni lo que va a decir la crítica, si va a ir el público, pero que se tirara de cabeza así de esa manera a mí me pareció un lujazo.

Y en cierto modo ahora usted está intentando hacer lo que quiere…
Estoy intentándolo, pero no es fácil.

Que quería regresar a casa, vamos…
Volver, pero no volver solo a un lugar físico, que también. Volver como una forma de entender la profesión y tratar de convertirla de nuevo en mi pasión, desvinculándola de esa palabra que está muy bien, que yo la he seguido durante muchos años y he luchado por ella, pero que también cansa la profesionalidad. Profesionalidad entendida como hacer aquello que sabes hacer, y te pagan por ello, pero hacerlo por amor, directamente y siguiendo las líneas de tu corazón.

En eso tiene mucho que ver esa casa que se está haciendo ahora…
Sí, porque yo aunque adoro a Marbella, yo soy malagueño y yo no tenía una casa en Málaga. Mis amigos de toda la vida son de Málaga y tenía que estar todo el día con el coche para arriba y para abajo desde Marbella. Y mis recuerdos, mis rincones, los sitios donde jugaba, mi barrio, todo está allí. Y la casa en realidad no es una casa solo para mí; es una casa compartida con mi hermano. Él tiene su dormitorio y yo tengo el mío.


DE ESTUDIANTE A DISEÑADOR EN SOLO UN AÑO

En septiembre de 2015, Antonio Banderas tomó una decisión que cambió su vida dio carpetazo a todo y se trasladó a Londres a estudiar moda y diseño en una de las escuelas más prestigiosas del mundo, la Central Saint Martin. Tras un año de intenso trabajo, en agosto verá la luz su primera colección, que va a contar con tres líneas una vintage, otra más colorida y otra de tailoring. En ellas, todas las prendas están diseñadas por él, y hay desde polos sin cuello a pantalones estrechos, vaqueros vintage, blazers de colores, chupas de cuero de toque cincuentero y hasta complementos como gafas de sol. Su inspiración, como él mismo revela , es «una idea mediterránea retrofuturista volver a los festivales de Cannes de los años 60; a Jean Paul Belmondo, Catherine Deneuve, Grace Kelly, Maria Callas». Aunque también se adivinan toques ochenteros, como su afición por las cremalleras. En su caso, siempre doradas.